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PERFILES FCT: Jerónimo Neira y su camino de regreso a la victoria

Fecha: 27/10/2026, 3:43:03 p. m.

Hay momentos en la vida de un deportista en los que ganar deja de ser lo más importante. Para Jerónimo Neira, uno de ellos llegó cuando tuvo que alejarse de las canchas y aprender a esperar. Acostumbrado a medir sus días entre entrenamientos, partidos y objetivos por cumplir, se encontró de repente frente a una realidad que no podía resolver con una raqueta en la mano: necesitaba detenerse, recuperarse y tener paciencia. Mientras los demás seguían compitiendo, él debía concentrarse en volver a estar bien. Lo que entonces parecía una pausa interminable terminaría convirtiéndose en una de las experiencias que más han marcado su manera de entender el tenis.

La historia deportiva de Jerónimo, integrante de la Liga de Tenis de Cundinamarca, tiene sus primeras huellas documentadas en las categorías infantiles. En 2019, cuando competía en la categoría de 12 años, ya aparecía en los registros de los torneos nacionales de la Federación Colombiana de Tenis. Con el paso del tiempo llegaron nuevos retos, competencias por equipos y participaciones en circuitos juveniles que le permitieron seguir creciendo. En 2022 representó a Cundinamarca en el Campeonato Nacional Interligas y, posteriormente, continuó su recorrido por el circuito nacional y el de la Confederación Sudamericana de Tenis (COSAT), antes de dar nuevos pasos en las competencias internacionales juveniles de la Wolrd Tennis.

Cada torneo representaba una oportunidad para medirse, aprender y acercarse a sus objetivos. La competencia siempre ha tenido un lugar especial en su vida. Jerónimo se considera una persona competitiva, de esas que encuentran en el desafío una razón para exigirse un poco más. Sin embargo, hubo un momento en el que tuvo que aprender a convivir con la ausencia de aquello que más disfrutaba.

Al principio se tomó la recuperación con calma. Sabía que necesitaba respetar los tiempos y evitar cualquier acción que pudiera retrasar su regreso. Pero los días comenzaron a pasar y la tranquilidad inicial dio paso a la frustración. Ver a otros jugadores entrenar y competir mientras él tenía que permanecer quieto le generaba una sensación de impotencia difícil de explicar para alguien que estaba acostumbrado a tener una cancha esperándolo.

"No soy una persona envidiosa, pero ver a todos jugar y competir me hacía sentir impotente, así que usé eso como motivación para volver a las canchas con hambre de ganar"; recuerda.

La lesión no solo lo apartó de los partidos; también lo obligó a enfrentarse a la incertidumbre. Antes de detenerse, atravesaba uno de sus mejores momentos tenísticos. Tenía objetivos por alcanzar y quería seguir avanzando. De pronto, tuvo que concentrarse en algo mucho menos inmediato que preparar el siguiente encuentro: recuperar su cuerpo y confiar en que podría volver a competir.

Cuando finalmente empezó a regresar a las canchas, apareció otro desafío. El temor a sentir nuevamente el dolor convertía algunos momentos del juego en una lucha interna. Cada movimiento exigía recuperar la confianza, y la frustración podía regresar cuando las sensaciones no eran las mismas de antes. Entendió entonces que la recuperación no dependía únicamente de su condición física. También necesitaba trabajar en su tranquilidad, en la ansiedad que le producía estar lejos de la competencia y en la seguridad para volver a jugar sin miedo.

Con el acompañamiento de su psicóloga, comenzó a reconstruir esa confianza. Aprendió a reconocer sus emociones y a comprender que volver a su nivel no sería cuestión de apresurar el proceso. Había que darse tiempo, aceptar las dificultades y recordar por qué había elegido el tenis.

En medio de esa pausa apareció una pregunta que cambiaría su perspectiva: ¿quién era
Jerónimo sin la raqueta?

Durante mucho tiempo, buena parte de su rutina había girado alrededor del deporte. Entrenar, competir y mejorar eran actividades tan presentes en su vida que alejarse de ellas lo llevó a preguntarse cuánto de su identidad estaba ligado a ser tenista. La respuesta no llegó de inmediato, pero le permitió descubrir algo que necesitaba entender: su valor como persona no dependía de los resultados que consiguiera dentro de la cancha.

"Esta pregunta me ayudó a concluir que soy una buena persona afuera de la cancha y que no le tengo que demostrar nada a nadie"; explica.

Esa reflexión le permitió quitarse una presión que, sin darse cuenta, había llevado consigo. Seguía queriendo ganar, mejorar y alcanzar sus metas, pero comenzó a entender que no necesitaba convertir cada partido en una demostración de sus capacidades. Podía competir con intensidad sin dejar de disfrutar. Podía exigirse sin olvidar que el tenis debía hacerlo feliz.

Poco a poco, el juego empezó a fluir de otra manera. La tranquilidad que encontró fuera de la cancha comenzó a acompañarlo dentro de ella. Ya no se trataba solamente de recuperar al jugador que era antes de la lesión, sino de regresar con una comprensión diferente de sí mismo.

Por eso, volver a sostener una raqueta sin dolor tiene hoy un significado tan especial. «El hecho de poder sostener la raqueta sin dolor me da mucha alegría, ya que el proceso para poder volver a las canchas ha sido largo y difícil», cuenta. Después de meses de espera, recuperar la

posibilidad de jugar representa mucho más que una mejora física: es volver a disfrutar de algo que llegó a extrañar profundamente.

Hacerlo con dos trofeos convirtió ese regreso en un motivo de celebración aún mayor. Para Jerónimo, esos triunfos son la prueba de que todo el trabajo realizado está dando sus frutos. Detrás de cada resultado hay una historia que no siempre se ve: las horas de recuperación, las dudas, el miedo a sentir dolor otra vez y el esfuerzo por recuperar la confianza. Ganar tiene ahora un significado distinto porque conoce lo que cuesta volver a tener la oportunidad de competir.

Su crecimiento tampoco se limita al tenis. Mientras trabaja por alcanzar sus objetivos deportivos, Jerónimo se esfuerza por construir un futuro académico que le permita ampliar sus posibilidades. Ser estudiante-atleta le ha exigido aprender a organizarse y aprovechar cada minuto. Hubo una época en la que salía una hora antes que sus compañeros para llegar a tiempo al entrenamiento y, por las noches, estudiaba los temas que se había perdido en clase. No era una rutina sencilla, pero entendía que su formación académica también hacía parte de sus sueños.

En ese proceso encontró inspiración en su hermano. Verlo destacarse tanto en los estudios como en el deporte le demostró que era posible trabajar por ambas metas sin tener que renunciar a ninguna. "Utilizar a mi hermano como ejemplo me sirvió para saber que tanto la formación académica como la deportiva son importantes para construir una personalidad increíble", afirma.

Hoy tiene claro que las calificaciones serán fundamentales para acercarse a una de sus grandes aspiraciones: conseguir una beca universitaria en Estados Unidos y jugar en una institución de la División I. Su colegio ha sido comprensivo con las exigencias de su calendario deportivo y le brinda apoyo cuando necesita ponerse al día con trabajos o evaluaciones. Cuando los compromisos académicos coinciden con un torneo, procura concentrarse en una cosa a la vez y cumplir con cada responsabilidad.

La disciplina que ha desarrollado como estudiante-atleta también se refleja en su preparación deportiva. Al disponer de menos tiempo de entrenamiento que otros jugadores, sabe que necesita aprovechar al máximo cada sesión. Se describe como un tenista luchador, agresivo e
inteligente, características que busca fortalecer en cada práctica y trasladar a los partidos. Para él, la constancia no consiste únicamente en entrenar durante horas, sino también en aprender a sacar el mayor provecho de las oportunidades que tiene.

Durante los momentos más difíciles, además, descubrió que no estaba solo. Sus padres, su hermano y su primo han sido parte fundamental de su proceso, acompañándolo y creyendo en él incluso cuando el regreso parecía lejano. Jerónimo reconoce que cada logro también es de ellos, porque su apoyo le permitió seguir adelante cuando la frustración amenazaba con ganarle terreno a la ilusión.

Su psicóloga fue otra figura importante durante la recuperación, especialmente para aprender a manejar la ansiedad de pasar tanto tiempo sin competir. Su novia también estuvo a su lado durante ese periodo y encontró la manera de sacarle una sonrisa en los días complicados. A veces, el respaldo que necesita un deportista no llega en forma de consejos técnicos ni de ejercicios de recuperación, sino en la compañía de quienes le recuerdan que hay vida, afecto y motivos para sonreír incluso cuando las cosas no salen como esperaba.

Fuera de las canchas, Jerónimo se define como alguien mucho más relajado. Disfruta quedarse en casa, descansar y compartir con sus amigos cuando tiene la oportunidad. Lo cuenta con humor y reconoce que su personalidad durante los partidos es bastante diferente de la que muestra en su vida cotidiana. Le gustaría que las personas conocieran también a ese Jerónimo chistoso y tranquilo que no está pensando todo el tiempo en competir.

Quizá esa sea una de las transformaciones más importantes que le dejó la lesión. Aprendió a reconocerse más allá del deportista, a disfrutar de otras facetas de su vida y a entender que perseguir un sueño no significa tener que demostrar constantemente que merece alcanzarlo. Puede ser competitivo y ambicioso, pero también puede descansar, reírse, compartir con las personas que quiere y encontrar tranquilidad lejos de las canchas.

Ahora mira hacia adelante con objetivos concretos. Su meta más cercana es ingresar al top 700 del ranking ITF, mientras trabaja para hacer realidad el sueño de estudiar becado en Estados Unidos, jugar tenis de alto nivel y construir su futuro profesional. Quiere seguir creciendo como deportista sin dejar de lado la educación, convencido de que ambas experiencias contribuirán a la persona que quiere llegar a ser.

En su trayectoria ya hay torneos, resultados y nuevos desafíos por delante. Pero la historia de Jerónimo Neira no se entiende únicamente a través de ellos. También está hecha de los días en los que tuvo que esperar, de las veces que sintió frustración al ver jugar a los demás y de las conversaciones que le ayudaron a recuperar la confianza. Está en la paciencia que aprendió a consigo mismo y en la tranquilidad con la que hoy intenta disfrutar cada partido.

La lesión lo obligó a detenerse cuando más quería avanzar. Sin embargo, en ese tiempo descubrió que no necesitaba una raqueta en la mano para saber quién era y que su identidad iba mucho más allá de cualquier marcador. Regresó con hambre de competir, con dos trofeos que celebran su esfuerzo y con nuevos sueños por conquistar. Pero, sobre todo, regresó entendiendo que el tenis es mucho más que ganar: es la posibilidad de hacer lo que ama, crecer en el camino y disfrutar de cada oportunidad que la vida le permite volver a tener.

 

Por Valentina Gutiérrez Orjuela - Equipo de Comunicaciones FCT

 

 

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